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miércoles, 26 de diciembre de 2012

La adolescente en crisis y las conductas de riesgo


La adolescencia puede pensarse como una etapa de normal “anormalidad”, a propósito de las alteraciones que el joven atraviesa, tanto en referencia a los aspectos biológicos como a los propios de su mundo interno. Por lo general, los duelos del adolescente pueden expresarse de distintas maneras, a veces estas pérdidas  y desafíos que se interponen pueden resultar muy dolorosos, otras veces, el adolescente logra encontrar vías de sublimación pulsional que les permitirá explorar experiencias de satisfacción y maduración emocional.
En este caso, voy a referirme a la peculiaridad de las jóvenes adolescentes en crisis  que dista de las esperadas conductas impulsivas, irrefrenables a veces, respuestas efervescentes que caracterizan a la adolescencia en sí.
Resulta motivo de real preocupación la emergencia de serias conductas de riesgo a edades muy tempranas, entre los 12 y 13 años, podemos encontrarnos con jóvenes que escapan de sus hogares, que se exponen a los peligros que pueden llegar a encontrar en la vía pública, iniciación sexual precoz, abusos, embarazos, trasmisión de enfermedades, intentos de suicidio, son lamentablemente situaciones cada vez más frecuentes, y es frente a estos acting o verdaderos pasajes al acto, ante tensiones que no encuentran medios de significación, que se establece el primer contacto con la angustia de la adolescente. Angustia, por cierto, que muchas veces no es conocida por la propia afectada. Por eso, es importante no confundir el silencio con dificultad o negativa frente a los intentos de comunicación que el adulto quiere establecer. En las entrevistas con los padres, estos suelen quedar desconcertados  y preocupados ante la puesta en acto de lo que entienden son comportamientos inusuales, peligrosos, e inexplicables, decisiones que irrumpen de manera sorpresiva en jóvenes que suelen ser caracterizadas como tranquilas, buenas alumnas, no conflictivas.

La adolescente puede llegar a tener una actitud ambigua sobre el mismo problema, reaccionar con enojo o el más tácito hermetismo, temerosa y dubitativa cuando se la confronta con su mundo interno. En contraposición al caso de los varones, quienes por lo general pueden llegar a manifestar conductas violentas y desafiantes dirigidas hacia los otros, en el caso de las jóvenes, es más frecuente encontrarse con conductas autodestructivas, cargada de culpa y temor, no desean volver a “defraudar a sus padres”, el malestar inconciente, se expresa en la ansiedad depresiva, que acentúa el desprecio y la pena hacia sí misma, ante los objetos internos amenazantes y persecutorios.
A continuación resumiré el caso de una joven, que es una muy buena alumna de la institución educativa a la que asiste y que no representa motivo de preocupación en la vida áulica. Sus padres se presentan, debido a que su hija de 15 años no había regresado a su casa luego de la salida de la escuela, después de intentos fallidos en su búsqueda recurren a la misma con la intención de obtener datos de su paradero. Antes la joven no había incurrido en conductas transgresoras o que llamara la atención de sus padres. Luego de  una larga charla, en la que negaban incidentes o problemas con la joven reconocen que había existido una discusión una semana antes debido a una relación que mantenía con un joven, que su familia no aceptaba.  Los padres finalmente la localizan en el barrio donde vivía el muchacho y la llevan de regreso a la vivienda familiar. Al día siguiente la joven asiste a la escuela, como si nada hubiera ocurrido,  indicando que su familia no la cuestionó ni le hicieron preguntas en alusión a lo ocurrido, solamente le habrían pedido que continuara con sus estudios. Ante la falta cometida, la joven complació a sus padres, concurriendo religiosamente a la escuela.

La posibilidad de que se repitan o no nuevos episodios, dependerá no solamente de la voluntad y la fortaleza de la joven sino del acompañamiento de la familia. Como es de esperar, detrás de una decisión como fue la de escapar de su casa, en un supuesto ambiente familiar equilibrado, provocan dudas, además del silencio y una franca inhibición que constituyeron indicadores que no pudieron pasar desapercibidos, con el correr del tiempo la joven denunció, situaciones de maltrato y abuso sexual endogámico.

martes, 29 de noviembre de 2011



Problemas en la escuela

Los llamados “Problemas de conducta y /o escolares” que se presentan en la escuela, arroja a docentes y padres al encuentro con diversos sentimientos. Las quejas son constantes; los padres muchas veces realizan esfuerzos infructuosos pretendiendo que el chico entienda de una buena vez que “debe portarse bien”, “que debe estudiar y prepararse para el futuro”, como la respuesta del hijo difiere a la esperada genera en la mayoría de los padres, enojo, cansancio, impotencia lo cual repercute negativamente en la convivencia familiar. Una de las estrategias más empleada por parte de los padres (cuando ya se encuentran superados por la situación) es acudir al castigo, por ejemplo privando de salidas o actividades que son valiosas para sus hijos. Y sin darse cuenta lo que hacen es acrecentar aún más la distancia y el desencuentro con el hijo.
Durante el tratamiento familiar, los padres logran vislumbrar las actitudes y los comportamiento que están acentuando los síntomas, si bien este primer paso es necesario no es suficiente, puesto que no hay que olvidar que también el hijo es partícipe de la dinámica familiar y responsable de la causación del síntoma. Dependiendo del caso, la acción de los padres puede variar y acentuar inconcientemente el conflicto vincular al punto de que puede llegar a volverse patógeno.
Considero que si existe un denominador común en todos los casos es la pregunta de que se puede hacer para revertir la modalidad vincular. Menciono algunas idas que pueden servir de ayuda:
-Tener conciencia del nivel de irritabilidad y enojo que provoca el hijo. Poder reflexionar acerca de que es lo que irrita tanto y no olvidar que si bien esta puede ser una manera de descarga para el padre o la madre, el niño o adolescente es un “hijo” y nosotros como padres tenemos la responsabilidad de resguardar su integridad física y mental. Gestos o formas despectivas de dirigirse dejan huellas negativas que marcaran los primeros pasos en la conformación de la autoestima del niño.
-En el momento de establecer un vínculo sano con el niño, este puede promoverse mediante un juego o alguna actividad donde ambos estén realmente conectados el uno con el otro, disfrutando de algún momento. Por ello sugiero que el encuentro no solo lo proponga el hijo sino también los padres de este manera se puede ayudar a sentir que uno hace algo que también le gusta y es muy probable que el chico también así lo sienta.
-Con frecuencia los padres están cansados de “ayudar” a los hijos, sin percatarse de que la forma y las estrategias que están llevando a cabo contrariamente a lo esperado exacerban las conductas no deseadas. Se suele escuchar a padres decir que invierten dinero y tiempo por ejemplo en la educación de su hijo, preocupándose constantemente, transmiten esta actitud y el niño u adolescente no encuentra en estas acciones un verdadero sostenimiento sino críticas negativas porque a pesar de todo lo que le dan el chico “no cambia”. Por ello, es importante reflexionar e intentar poner en marchas otras estrategias de abordaje ante las diversas situaciones.
-También es importante promover y facilitar espacios y tiempo de comunicación verbal. El diálogo es fundamental para poder conocernos y para tener una idea de quien está delante de nosotros. Justamente en los casos de problemas de conducta, trastornos alimentarios, u otras enfermedades orgánicas psicosomáticas, sin duda existe un déficit en la posibilidad de encontrarse con el otro y consigo mismo de una manera simbólica, con esto quiero decir, que el niño a partir del vínculo sano, haya podido incorporar recursos personales que permanecerán el resto de sus vidas. Y estas expresiones disfuncionales constituyen una manera de señalar la ansiedad, la angustia, que no encuentra otra forma de expresión saludable.

viernes, 28 de enero de 2011

Límites para el ordenamiento de la vida familiar


Los padres de hoy no saben poner límites
La conclusión se desprende de un estudio hecho en Argentina. Cuáles son sus principales temores y las diferencias entre padres y madres.
28/01/2009

La autoridad de los padres se ha perdido porque, en general, para ellos resulta más fácil decir queLos padres de hoy en día no saben poner límites a sus hijos adolescentes, pese a que los problemas tanto al interior de la familia como los que rodean a los chicos en el “mundo exterior” preocupan cada vez más. Así lo determinó una encuesta realizada por la consultora D´Alessio Irol, en donde se encuestó a padres y madres de adolescentes de entre 13 y 24 años y de donde surgieron, como problemáticas preocupantes, las drogas, el alcohol, el sexo, la falta de límites y la noche.
La autoridad de los padres se ha perdido porque, en general, para ellos resulta más fácil decir que sí a decir que no. Así interpretó los resultados la socióloga Nora D’Alessio. “Decirle que ‘sí’ a un adolescente es más fácil, porque ahorra tiempo en discusiones y justificaciones desgastantes. Sin embargo, no es lo mejor a largo plazo: a veces hay que aprender a decir ‘no’. Hoy, los padres se están encontrando con los resultados de no animarse a poner los límites cuando son necesarios, y eso les preocupa”, explica D’Alessio.
Entre los principales peligros que destacan los padres para los jóvenes y adolescentes se encuentran los robos, la falta de límites, las drogas, la falta de oportunidades y la falta de modelos de conducta. El análisis distingue, además, entre los “problemas de afuera” y los “problemas de adentro”. El primer grupo hace alusión al miedo a los robos, los accidentes, las enfermedades, las agresiones y la discriminación. En el segundo grupo se encuentran los temas relacionados con la educación, la preparación y las fallas a la hora de marcar límites.
Hombres y mujeres, con preocupaciones diferentes. Mientras que los padres varones suelen preocuparse más por los temas relacionados a la educación y los límites, las mujeres tienden a prestar más atención a las agresiones que pueden sufrir los jóvenes en el mundo exterior.
En cuanto a las salidas nocturnas, las madres se muestran más permisiva s que los padres varones. Sin embargo, el estudio deja saber que casi todos los padres que dan permiso a sus hijos piden detalles sobre a donde van a ir, con quién, a qué hora y cuál es el ambiente de ese espacio. Además, pese a que dan permiso para salir, nueve de cada diez padres suelen quedar con sensación de inseguridad cuando los chicos no están por las noches en sus casas.

Fuente: Elacontecer.com
La nota de El acontecer resume las preocupaciones parentales más usuales y las dificultades a la hora de implementar las estrategias para que sus hijos adolescentes los obedezcan.
Durante la adolescencia los jóvenes comienzan a sufrir una serie de transformaciones provocadas por el pasaje de la niñez a la pubertad acompañada por alteraciones biológicas y hormonales que afectan no solo a su cuerpo físico ya que cada adolescente va a vivenciar esta mutación de diversa manera de acuerdo a su fortaleza psicológica y al acompañamiento que esté dispuesta a brindar la familia.
En alusión al artículo se pueden mencionar al menos dos factores que se han de tener en cuenta para comprender la problemática. A saber, la puesta de límites y en segundo lugar, los temores externos, que se encarnan en la vida nocturna fuera del hogar y de la supervisión directa de los padres.
La autoridad parental no debería quedar reducida a la obediencia automática del joven a cualquier costo. Muy frecuentemente se utiliza la coerción o la violencia para imponer la palabra paterna en nombre del propio bien del chico o como menciona el artículo la total ausencia de límites. Ambas modalidades son igual de dañinas por abuso o por omisión, ya que el chico no termina de comprender, aceptar e internalizar las normas morales, de autocuidado y respeto por los demás.
Probablemente sea más sencillo concentir o agredir abusívamente al joven con tal de que no se exponga a los peligros o cumpla con sus obligaciones escolares. Sin embargo, estas modalidades de educación ejercidas ya sea por padres, docentes o cualquier agente social que represente la autoridad profundiza el distanciameinto entre las brechas generacionales conduciendo hacia la incomunicación que queda representada en el malestar adolescente en sus diversas fomas, adicción, deserción escolar, embarazo adolescente, rebeldía desmesurada etc.
La educación en valores y en una autoridad construida desde la primera infancia a partir de la orientación clara, firme y coherente, que aliente la adquisición gradual de autonomía, favorecerá al joven en la toma de decisiones pensadas y no impulsivas, alentando su crecimiento individual y social. Lo cual también ayudará al joven a tomar conciencia y evaluar las situaciones de riesgo a las que muchas veces se ve expuesto aunque no necesariamente sea siempre partícipe de ellas .